Texto difundido durante la concentración antinuclear celebrada el 22 de marzo en Santander

En Fukushima Daichii se ha producido el segundo accidente más grave de la historia nuclear mundial, tras el de Chernobil. Para Ecologistas en Acción y Arca se trata de un Nivel 6 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (escala del 0 al 7 conocida con las siglas INES, en inglés) por constituir una situación grave, con un escape de sustancias radiactivas que afecta a las personas y al medio ambiente.

Así, los sucesos de Fukushima ponen de manifiesto el riesgo inherente al uso de la energía nuclear y aconsejan el abandono de esta fuente de energía, porque, aunque circunstancias como el terremoto y posterior tsunami sufridos el 11 de marzo fueran improbables, lo cierto es que se han producido.

En cuanto a las centrales nucleares españolas, tampoco están exentas de riesgos, y por más que se intente perfeccionar la seguridad, siempre pueden aparecer imprevistos con los que no se contaba y dar lugar a accidentes graves.

La central nuclear de Garoña (Burgos) es muy similar al reactor número de una de Fukushima I, pero con muchos más problemas de seguridad. Por tanto lo más razonable sería proceder al cierre de la central y no prolongar su vida hasta 2013.

La central nuclear de Cofrentes es, como la de Garoña, de agua en ebullición, lo que las hace especialmente vulnerables ante sucesos externos a la central. En este tipo de centrales las tuberías de refrigeración del circuito primario, cargadas de vapor radiactivo, salen de la contención y recorren todo el recinto de a central. Un suceso que afecte los edificios exteriores y rompa esas tuberías daría lugar a un suceso similar al sufrido por los reactores japoneses.

Además, el embalse de Tarancón, situado aguas arriba de la central, no soportaría el terremoto máximo que puede ocurrir en la zona. En caso, improbable, de que se produjera ese terremoto, las aguas inundarían la central agravando aún más los efectos de la rotura de la presa.

La central nuclear de Almaraz I y II (Cáceres) tiene un sistema de refrigeración basado en la parte externa del embalse de Arrocampo, que tampoco está licenciado para tener resistencia a seísmos. Por esto mismo se construyeron unos sistemas de irrigación que bajaran el agua de la parte que sí está licenciada sísmicamente. Si se produjera un terremoto que rompiera el embalse, la central tampoco tendría garantizada la capacidad para evacuar el calor residual del reactor.

La central nuclear de Ascó I y II (Tarragona) está situada sobre una zona de arcillas expansivas que llegan a desplazarse unos 10 cm al año, dependiendo de las lluvias. Esta situación obliga a una constante vigilancia de estas margas por parte del Consejo de Seguridad Nuclear.

Y la central nuclear de Trillo (Guadalajara) está situada no lejos de Escopete, donde se produjo un terremoto de grado 4,2 en 2007. Aunque el terremoto fue de baja intensidad, hay que tener en cuenta que los sismólogos no esperaban que se produjera en la zona de La Alcarria, porque no se consideraba sísmicamente activa.

Como se ve, muchas de las nucleares españolas tienen una situación de riesgo potencial, por lo que lo más sensato sería proceder al CIERRE ESCALONADO, con el objetivo de prescindir de la energía nuclear en el horizonte de 2020.

Fuente: ARCA y Ecologistas en Acción