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Hace ya 30 años que Arca se comprometió con el urbanismo de Santander, aportando ideas concretas y modelos utilizados en diversas ciudades europeas occidentales, tratando de incorporar urbanísticamente lo mejor para la capital de Cantabria, y lo más conveniente para sus habitantes.

En 2012 se aprobó un Plan General de Ordenación Urbana para Santander sumamente agresivo, que lejos de corregir los errores cometidos a lo largo de 70 años, mantenía y culminaba este proceso pretendiendo construir innecesariamente viviendas hasta agotar todo el territorio municipal.

Este plan, concebido en la época de la burbuja inmobiliaria y al servicio exclusivo de los promotores, constituía la mayor amenaza para el diseño de Santander como ciudad y la calidad de vida de sus habitantes, al impedir la creación de grandes corredores verdes y el desarrollo de un urbanismo ambiental y sostenible, por haber convertido al municipio en un mero solar para construir.

La anulación del plan abre una esperanzadora posibilidad de repensar la ciudad, y de generar por primera vez en la historia de la misma, un proceso de participación social y debate que obligue a elaborar un nuevo plan general que contemple la ciudad con una visión global  y de futuro a largo plazo, y al servicio de la calidad de vida de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Es la última oportunidad que le queda a una ciudad como Santander, improvisada y agredida constantemente en su territorio, que se ha quedado atascada y retrasada no sólo respecto a la mayoría de las ciudades europeas, sino de otras muchas ciudades españolas.